Ésta es una de las preguntas que más nos suelen realizar nuestros pacientes, por lo que vamos a revisar algunos de los elementos implicados, a fin de entender mejor esta variable. En concreto, la duración de un tratamiento psicoterapéutico depende de varios factores, algunos de los más relevantes son los siguientes:

Quizá uno de los más importantes es el tiempo que el problema lleve instalado en la vida del paciente ya que cuando una persona lleva sufriendo un problema muchos años es muy difícil resolver esas dificultades en unas pocas sesiones. Sucede exactamente lo mismo que con cualquier enfermedad física, si durante años no le ponemos remedio ésta se va haciendo cada vez más resistente y más grave. Por eso es tan importante actuar cuando sentimos que algo no va bien. 

Otro de los factores que determinan la duración de un tratamiento es el ritmo del paciente, un aspecto al que apenas se le concede la importancia que realmente tiene. Cada persona tiene su propio ritmo a la hora de enfrentarse a sus dificultades y un profesional siempre debe respetarlo. Muchas veces es el propio paciente quien se espolea para ir más rápido de lo que en realidad puede. Cuando esto ocurre trabajamos este aspecto haciéndole ver lo equivocado de su enfoque. Como he dicho, todos tenemos nuestro propio ritmo, en unas ocasiones es más rápido, en otras más lento y además es diferente del de otras personas. Intentar ir más rápido de lo que en realidad podemos sólo nos puede generar bloqueos, dificulta nuestro avance y nos provoca mucha frustración. Lo que ayuda en este caso es la autocomprensión, ponernos de nuestra parte y entender que nuestro ritmo en este momento, o con esa dificultad concreta, no es el que nos gustaría pero que es el que tiene que ser, que está bien así. Si nos peleemos con nosotros mismos nos estancaremos. En cambio, si nos comprendemos el proceso avanzará, al ritmo que necesitemos llevar, pero irá hacia delante y se resolverá.

El tipo de problemática que presente el paciente es otro de los factores relevantes. No es lo mismo el tratamiento de un trastorno de personalidad que el de una fobia concreta, como tampoco es lo mismo el tratamiento para un trastorno bipolar que el de una obsesión aislada.

La actitud del paciente es lo más importante pues sin una actitud de cambio y sin la capacidad de abrirse a nuevos pensamientos, comportamientos y modos de sentir difícilmente pueden lograrse resultados. De esta manera, el resultado de la terapia depende tanto del profesional como  del nivel de apertura del paciente, ambos tienen un 50% de responsabilidad en la misma.

 

 

Los ataques de pánico  o crisis de ansiedad (como comúnmente se las conoce) son un tipo de trastorno de ansiedad. De hecho, de los diferentes trastornos de ansiedad existentes es el más frecuente en el ámbito clínico. Por fortuna, también es una de las disfunciones más estudiadas y contamos con un tratamiento muy eficaz desde la perspectiva cognitivo-conductual, con unas tasas de mejoría muy elevadas.

Podemos distinguir una crisis de ansiedad por una serie de síntomas, diferentes en cada persona, pero que aparecen súbitamente y dan lugar a una situación de miedo y un gran malestar para quienes las sufren. Algunos de esos síntomas son: sudoración, palpitaciones, sensación de ahogo, mareo, nauseas, adormecimiento en las extremidades, temblores, sofocos, escalofríos, dolor, sensación de irrealidad, miedo a volverse loco o incluso  a morir.

Todos estos síntomas no se dan a la vez pero con la combinación de sólo unos pocos de ellos ya tenemos asegurado un cuadro clínico en toda regla, y lo que es realmente importante aquí, una experiencia que suele vivirse como muy desagradable para el paciente.

Un ataque de ansiedad no suele durar más de 10 minutos pero las sensaciones suelen ser tan intensas y desagradables que hace que se perciban con una mayor duración de la real. A pesar de lo incómodo de la sintomatología y de lo aparatoso que a veces llega a mostrarse no es una disfunción peligrosa para la salud. No obstante, hay que ser precavido cuando nos ocurre por primera vez debido a que comparte alguna que otra sensación con los ataques cardíacos. Esto conduce al paciente a los servicios de urgencias en más de una ocasión.

Por lo general, detrás del primer ataque suele acontecer alguno más, motivo por el que el paciente comienza a experimentar el miedo de que vuelvan a aparecer. De esta manera empieza a evitar muchas situaciones por miedo a que se desencadene de nuevo el desagradable proceso. Cuando esto ocurre, suele interferir de manera marcada en casi todas, o en todas, las esferas de su vida y su día a día comienza a limitarse. Con esta situación no es nada difícil que pueda instalarse, además del cuadro de ansiedad, una depresión. Otras veces es una agorafobia la que acompaña al trastorno. En el trastorno de pánico con agorafobia la ansiedad aparece en situaciones donde escapar puede ser complicado, como en conciertos, hipermercados, transportes públicos, etc.

Una de las cosas que siempre les digo a mis pacientes es que la ansiedad no es peligrosa y que nadie jamás ha muerto de ansiedad,  aunque no les puedo negar que es bastante desagradable cuando se presenta en estos términos. De esto podemos dar cuenta aquellos que hemos presenciado una crisis de ansiedad alguna vez.

Uno de los ejes centrales sobre los que se articula la terapia es enseñar al paciente la inocuidad de la ansiedad mediante diferentes técnicas, además de aportando la información adecuada. Otro de los aspectos esenciales es que el paciente se dé cuenta de la importancia que tienen sus pensamientos en el desencadenamiento de la ansiedad. La interpretación errónea que hacen de los síntomas de ansiedad es la pieza clave para restaurar el equilibrio en estas personas.

Actualmente el tratamiento preferente para abordar esta problemática es el tratamiento psicológico de corte cognitivo-conductual. Ha demostrado, en diferentes estudios científicos, que es más eficaz que el tratamiento farmacológico por sí solo. Esto no quiere decir que la medicación no sea necesaria. En algunos pacientes concretos, pero no en la mayoría de los casos, puede ser bueno combinar ambos tratamientos (el psicológico y el farmacológico) cuando el cuadro presenta una intensidad muy marcada. Por fortuna el tratamiento psicológico por sí solo es suficiente en la mayoría de las personas asegurando después que apenas haya recaídas.

En cuanto a la duración del tratamiento, como en la mayor parte de psicopatologías, no se puede determinar de antemano cuál va a ser su duración. El tratamiento es más o menos prolongado en función de una serie de variables entre las que se encuentra el tiempo que lleve instaurado el trastorno en el sujeto, aunque por lo general suele tener una duración de entre unas 5 y 15 sesiones.

 

 

 

 

 

 

Prácticamente todos sabemos de los beneficios de la meditación y también conocemos algunos de los mitos que hay en torno a ella, mitos que dificultan el inicio en la práctica meditativa, un aprendizaje adecuado y la entrega a la misma.

Para mí uno de los objetivos de la meditación es el disfrute, además de lograr serenidad y la búsqueda de conexión interior. Para que podamos disfrutar de la meditación es necesario desterrar algunos de los mitos que entorpecen su práctica.

Meditar requiere esfuerzo

Meditar es mucho más sencillo de lo que parece. Para meditar sólo necesitamos centrar nuestra atención en una imagen, nuestra respiración, un sentimiento, un objeto, una música, una reflexión, etc. Meditar no requiere esfuerzo, tal como se cree, y se parece más a descansar que a estar concentrado y activo.

Poner la mente en blanco

Nada más lejos de la realidad, nuestra mente se encuentra continuamente pensado por lo que intentar dejarla en blanco genera más incomodidad y tensión que otra cosa. Con la práctica podemos tener breves espacios de mayor tranquilidad interna pero dejar de pensar no es un objetivo si se quiere disfrutar y obtener beneficios de la meditación.

Durante la meditación los pensamientos van y vienen y es bueno que así sea. Si pretendes no tener pensamientos  incómodos durante la meditación no vas por buen camino porque inevitablemente aparecen al meditar. Todo lo que hay que hacer es observar dichos pensamientos mentalmente para después continuar con la conciencia puesta en nuestro objeto de meditación, el que hayamos elegido. Y así cada vez que aparezca un pensamiento incómodo. La clave es aceptar cada uno de los pensamientos, los buenos y los no tan buenos, intentando no “engancharnos”  a ellos.

Sólo se puede meditar sentado y con las piernas cruzadas

Todo lo que necesitas para meditar es ponerte lo más cómodo posible por lo que puedes sentarte en una silla, un sillón, en el suelo, tumbarte. No necesitas hacer posturas imposibles, lo importante es que busques la postura en la que más cómodo te encuentres y en la que tu cuerpo no tenga tensiones innecesarias.

Sólo se puede meditar en donde hay silencio

Es otro mito porque, de hecho, uno puede meditar en cualquier sitio, incluso en medio de una gran multitud. Estar en silencio facilita la meditación y el encuentro con nosotros mismos y nos ayudar a centrarnos pero no es imprescindible si queremos meditar.

Hay que meditar con música tranquila, con velas, con incienso, etc.

Aquí nos volvemos a encontrar con otro mito. Para que la meditación nos sirva nuestra responsabilidad es hacérnosla fácil por lo que utilizaremos los recursos que particularmente nos ayuden a entrar en conexión con nosotros mismos. A cada persona le servirán unas cosas y no otras y también habrá personas que no necesiten absolutamente nada para meditar. Ni la música, ni el incienso, ni el silencio, ni las velas ni nada que invite a la calma es absolutamente necesario. Sólo son recursos que facilitan la meditación.

Hay que meditar durante largos periodos

Esto tampoco es cierto porque con unos 5 minutos puede ser suficiente. Es recomendable practicarla todos los días pero tampoco es imprescindible hacerlo a diario para que nos sirva.

 

Espero que estas palabras te faciliten ver la meditación con otros ojos, que experimentes con ella si nunca lo has probado y/o que te ayuden a mejorar en tu práctica meditativa a partir de ahora.

 

 

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